Cualquier agresión, externa o interna, en la que se ve afectado el Sistema Nervioso Central condiciona una modificación de sus funciones, dando lugar a manifestaciones motoras, cognitivas y/o afectivo-comportamentales. Los déficits motores aparecen con elevada frecuencia tras un daño cerebral.
Las paresias, las parálisis, las hemiparesias, … (las extremidades que no responden, «no siento el brazo», el «cuerpo muerto», la silla de ruedas, …) y/o movimientos alterados, incoordinación, falta de equilibrio, percepción corporal alterada, etc. son consecuencias de la lesión.
Todas las áreas del cerebro se encuentran estrechamente interrelacionadas, y participan en mayor o menor medida en las numerosas actividades que el ser humano realiza, de forma consciente o inconsciente, voluntaria o involuntaria. Por tanto, cuando se produce una lesión cerebral, todo se altera, todo se desajusta, la persona en su totalidad, y no por partes, sufre las consecuencias.
Las lesiones periféricas neurológicas afectan a las raíces nerviosas periféricas y también pueden producir déficits y alteraciones del movimiento y de la sensibilidad. En su tratamiento se da mucha importancia al trabajo de los músculos dentro de patrones funcionales y prácticos.